Tiempos críticos o el gran fallo del sistema educativo

El momento histórico en el que nos encontramos actualmente es complicado, llegando casi al punto de ser crítico. ¿En qué sentido? En varios. Primero, en el sentido de que en la era de información (y de falsa información), parece que cada vez hay menos gente con capacidades de análisis y razonamiento crítico, a lo que se le suma la falta de tiempo, ese brillante invento del sistema, para emplearlo. Segundo, en el sentido de que por un lado ya suenan las alarmas, recordando las escenas de la Europa entre las dos grandes guerras. Ligeramente enmascarados bajo el nombre de “partidos democráticos”, cada vez están surgiendo más fuerzas políticas con discursos de odio, discursos de supremacía, aquellos que levantan unas banderas para aplastar las otras y los que buscan el enemigo que viene de fuera. Todo esto ya se ha vivido y todos sabemos cómo acabó la cosa. Sin embargo, los grandes medios de comunicación no nos presentan estas escenas como un peligro para la paz, todo parece ser normal. Por otro lado, los que parecen respirar mucha paz son los fabricantes de armas, ya que las ventas y la exportación parecen aumentar cada año. Según Amnestía Internacional[1], 650 millones de armas circulan por el mundo y cada año se fabrican 8 millones más, más 16.000 millones de balas. ¿Será que tanto material nunca llegará a usarse?

En Europa, las últimas dos décadas parecían bastante pacíficas, aunque cierto es que nuestros gobiernos se han sumado a muchas de las guerras que, como las décadas anteriores, en nombre de la democracia o lucha contra el terrorismo empezaron los eternos aliados EEUU. Guerras por intereses económicos, que el mayor fabricante de armas del mundo vende con un marketing estupendo, han dejado sin vida millones de personas. Nosotros hemos sido los cómplices y lo seguimos siendo, vendiendo armas a los países que están causando auténticas atrocidades y mandando tropas de ejercito para matar en nombre de la paz y de la democracia. Por otro lado, con el inicio del nuevo milenio donde sí parecía verse algo de esperanza era en varios países de América Latina, donde los gobiernos de las élites minoritarias fueron sustituidas por gobiernos de las clases trabajadoras e incluso presidentes indígenas, algo que podía parecer imposible. Estos gobiernos buscaban fortalecer la unión con otras naciones latinoamericanas y liberarse del yugo histórico de EEUU. En los últimos años, parece que estos gobiernos agotaron sus fuerzas y volvió el poder a las manos neoliberales y peligrosamente extremistas en algunos casos. Los discursos de odio se pusieron de moda también en Latinoamérica, siguiendo el ejemplo del gran hermano siempre presente, EEUU. Y Europa, como podría quedarse atrás.

En Europa, en las últimas décadas se han hecho todo tipo en reformas en los sistemas educativos pero parece que grandes cambios en cuanto a lo esencial de un sistema educativo no ha habido. El sistema sigue fallando. ¿Por qué? Porque parece que el sistema se sigue empeñando en crear mentes dirigidas en vez de fomentar el pensamiento crítico, razonamiento y argumentación. Podemos ver cómo, bajo la excusa de que no cumplen con las necesidades del mercado, de las aulas van desapareciendo asignaturas como filosofía y sociología. El poco dinero que se invierte en investigación, en gran parte se destina a las ciencias naturales, a las sociales quizás le caiga algún euro, las letras están totalmente desvalorizadas. En la era en la que mandan los medios y las redes sociales, muy preparado debería de estar uno para poder navegar entre las noticias verdaderas y aquellas falsas, para poder crear su propia opinión y no seguir a lo que dicen unos u otros y además, operar con un gran nivel de tolerancia y empatía. Pero es que no interesa que la gente sepa pensar de forma crítica, no le interesa al sistema que lo que pretende es vender, vender todo, hasta la educación misma. Cuántas veces leímos que una buena formación garantiza éxito en la vida. Pero, ¿esto significa acumular títulos (aunque sean falsificados) o adquirir conocimiento y la capacidad crítica? En todo caso, según lo que uno va viendo, lo que realmente importa es qué carrera hayas estudiado, que experiencia y qué contactos tienes. El sistema y la sociedad por la línea general no premian las mentes críticas, es más, si se pueden silenciar con un salario que apenas te hace llegar al fin de mes, mejor.

Dijo José Martí que “Ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar la ignorancia”. Con el conocimiento y el razonamiento se puede salir de la ignorancia. De hecho, el deber principal de la educación y del sistema educativo obligatorio debería ser ofrecer el conocimiento y enseñar a analizarlo, argumentar, buscar respuestas. Debería ofrecer las bases para entender el mundo, conocer causas y consecuencias, enseñar que la verdadera belleza del mundo está en la diversidad, sea paisajística, étnica o lingüística. Debería ofrecer todas las herramientas para que los alumnos solos llegarían a conclusiones argumentadas. Debería fomentar la empatía, la tolerancia y la conciencia sobre los hechos objetivos, como el cambio climático o igualdad de género, así como también enseñar ciertas responsabilidades y no caer frente a las presiones externas. Las clases de Geografía y de Historia deberían de tener mucha más importancia de la que tienen y deberían impartirse con un gran cuidado en que los hechos que hay que aprender son importantes, pero lo es más el saber interpretarlos, que nos enseñen las causas y las consecuencias. Actualmente, haya más o haya menos horas de estas y otras asignaturas parecidas, no necesariamente eso quiere decir que todo el mundo sea capaz de crear una visión y una opinión críticas. No necesariamente todo el mundo aprende que en las guerras no hay ganadores, que no se descubrieron continentes, sino conquistaron, que el colonialismo no sólo es un tema del pasado, que África no es pobre, sino saqueada, que las fronteras no existen cuando se trata de intereses y que los intereses de pocos suelen ganar contra los de los muchos. Sin embrago, un mínimo de estos conocimientos  pueden ayudar a entender mejor, siempre cuando haya interés, la visión geopolítica y económica del mundo. Y de esto se trata, de salir de la escuela preparados para entender el mundo y saber actuar en él. Enseñar que el conocimiento que se está adquiriendo es de gran utilidad y así despertar interés de cada uno de los alumnos. Pero esto no es lo que ofrece el sistema educativo actualmente. Lo que ofrece son las notas, mejores y peores estudiantes y salidas a unas u otras carreras y profesiones. En el mejor de los casos, los conocimientos básicos adquiridos pueden, o mejor dicho, deberían despertar un interés en investigar las cosas, preguntarse si la información que nos ofrece, tanto la escuela como los medios de comunicación sean ciertas o no e ir descubriendo las verdades. Deberían enseñarnos de dejar de creer en cosas que no estén bien argumentadas y no dejar de ser como los niños, siempre preguntándonos el ¿Por qué? No sólo en cosas que tienen que ver con historia y geografía, sino con el mundo en general. Enseñar preguntarnos por ejemplo, ¿de dónde viene la comida que nos estamos comiendo? y ¿qué contiene? ¿Por qué nos hacen pensar que debería importarnos la vida de los famosos? ¿Quién se tomó derecho de vender el agua? ¿Por qué dejamos que nos gobiernan las multinacionales? Y si no nos enseña dónde están los países, por lo menos enseñarnos saber buscar la información antes de hacer el ridículo. El deber principal de una educación básica y general es enseñarnos hacernos estas preguntas, a todos. Y luego cada uno puede ir buscando las respuestas, siendo ingenieros, agricultores, filósofos, obreros o jugadores de fútbol. Si no seremos capaces de hacernos estas preguntas, no nos matarán los transgénicos en la comida, las armas nucleares, el aire y el agua contaminados, la radiación de teléfonos móviles u ordenadores, las bebidas alcohólicas, refrescos o drogas,  la hambruna o las enfermedades. Nos matará la ignorancia. Y nos está matando.

Entonces, ¿por qué los tiempos que vivimos son críticos? Porque en la era del cambio climático, de conflictos provocados por el mismo, de refugiados que salen de esos conflictos, de altos niveles de contaminación que cobran miles de vida cada año, lo que más llama atención y gana nuevos votos son los discursos del odio, de buscar un enemigo externo, de levantar la bandera y si hace falta, servirse de vallas para cerrar fronteras y armas, por si acaso. Discursos que se asemejan demasiado a aquellos, escuchados en la primera mitad del siglo XX. Que no solo son xenófobas, racistas, machistas, y otros cuantos adjetivos que se les podría poner, sino porque precisamente poniéndole hincapié a la ideología (extremista), hacen que nos olvidemos de los temas importantes medioambientales, económicos y sociales. Y este es el gran fallo de la educación (no solo de la formal, pero es esta la que mejor se puede corregir en la esfera pública), el que la gran mayoría cae en la trampa, sea como aliado, sea como crítico, y que en estos tiempos críticos, el discurso ideológico, que en su momento ya lo dimos por vencido, vuelva a tomar el protagonismo. Así, las energías para buscar las soluciones globales se queman antes, la gente, en vez de unirse frente a los problemas que nos afectan a cada uno de nosotros, se separa cada vez más. La empatía y el pensamiento crítico no venden, la bandera y las armas sí. Las secretas aliadas de la ignorancia, aquella ignorancia que 124 años después de la muerte de José Martí sigue matando.


[1] https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/armas/

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